Septiembre significa volver al cole, recuperar horarios y, en el caso de los más peques de la casa, volver también a pasar unas cuantas horas delante de libros, apuntes y el ordenador. Por eso, este es el momento de mirar su habitación con otros ojos y preguntarte: ¿tienen un buen espacio para estudiar? ¿Y cómo debe ser ese espacio?
Una buena zona de estudio no necesita ser enorme ni ocupar media habitación. Lo importante es que esté bien planteada: una mesa con espacio suficiente, una silla cómoda, buena iluminación, almacenaje accesible y una distribución que permita concentrarse sin convertir todo el dormitorio en una zona de trabajo.
Algo que tenemos que tener en cuenta es que, a medida que nuestros hijos crecen, sus necesidades cambian. Ese pequeño escritorio que era suficiente durante los primeros cursos puede quedarse corto cuando aparecen más libros, carpetas, material escolar o un ordenador.
Hoy, desde Muebles Minka, en Irun, repasamos algunos aspectos importantes para crear una zona de estudio juvenil cómoda, funcional y preparada para acompañarlos durante varios años.

El escritorio: empieza por elegir el espacio adecuado
Antes de enamorarte de un escritorio, hay que hacer algo mucho menos emocionante, pero bastante más importante: medir.
No solo tienes que comprobar cuánto mide la pared en la que quieres colocar el escritorio; también tienes que pensar en el espacio que quedará para mover la silla, abrir cajones, acceder al armario o pasar cómodamente alrededor de la cama.
En cuanto al escritorio, y como referencia, para un estudiante que ya utiliza libros, cuadernos y posiblemente un ordenador, suele resultar práctico contar con una mesa de alrededor de 120 cm de ancho (o más, siempre que el espacio lo permita). En cuanto a la profundidad, contar con aproximadamente 60 cm ofrece una superficie cómoda para estudiar y utilizar una pantalla sin sentir que todo está amontonado.
Como siempre nos gusta recordar, estas medidas son orientativas: lo verdaderamente importante es adaptar el escritorio al tamaño de la habitación y, sobre todo, al uso real que vaya a tener. Porque no necesita lo mismo un niño que hace pequeñas tareas escolares que un adolescente que pasa varias horas estudiando, utiliza un portátil, tiene libros abiertos y necesita tomar apuntes al mismo tiempo.

Aprovecha al máximo la luz natural
Si podemos elegir dónde situar la zona de estudio, la luz natural debe ser uno de los primeros factores que tengamos en cuenta. Lo ideal es aprovechar una zona cercana a una ventana, pero evitando colocar el escritorio de manera que la luz provoque reflejos directos en la pantalla o resulte molesta.
En función de la orientación de la habitación, muchas veces funciona especialmente bien situar el escritorio perpendicular a la ventana. Así podemos aprovechar la entrada de luz sin tenerla directamente de frente o de espaldas.
También conviene tener en cuenta si la persona es diestra o zurda para intentar que, al escribir, su propia mano no proyecte una sombra sobre el cuaderno.
Si, en tu caso, por el tamaño de la habitación no puedes elegir la ubicación perfecta, una buena iluminación artificial será vital para conseguir un buen espacio de estudio.

Una buena lámpara también forma parte del espacio de estudio
La iluminación general de la habitación no suele ser suficiente para estudiar cómodamente. Una lámpara de escritorio orientable permite dirigir la luz hacia la zona de trabajo y adaptarla a diferentes tareas y momentos del día. Es recomendable combinarla con una iluminación ambiental agradable para evitar un contraste excesivo entre una mesa muy iluminada y el resto de la habitación completamente a oscuras.
También merece la pena pensar en pequeños detalles que solemos olvidar al planificar la distribución: ¿hay enchufes cerca? ¿Dónde cargará el portátil? ¿Necesita conectar una lámpara, una pantalla o algún otro dispositivo?
Resolver estas cuestiones desde el principio evita terminar con alargadores atravesando la habitación o cables por todas partes.

La silla importa… mucho
Cuando pensamos en una habitación juvenil, solemos dedicar mucha atención a la cama, el armario o el escritorio y dejar la silla para el final. Un gran error, porque, si van a pasar bastante tiempo estudiando, la silla debería ser una de las piezas que elijamos con más cuidado.
Debe permitir sentarse cómodamente, apoyar bien la espalda y mantener una postura adecuada respecto a la mesa. La altura también debe guardar una buena relación con la del escritorio y con la estatura de quien vaya a utilizarla.
En este caso, más que elegir únicamente por estética, merece la pena probarla.
Una silla puede quedar preciosa en una fotografía y resultar incómoda después de cuarenta minutos haciendo deberes. Y una habitación juvenil está para vivirla, no solo para que quede bonita.

Almacenaje: todo cerca, pero en orden
Libros, cuadernos, carpetas, estuches, auriculares, cargadores, material escolar… A medida que avanzan los cursos, las cosas se multiplican, ¿verdad?
Y cuando todo termina permanentemente encima del escritorio, disponer de una mesa grande sirve de bastante poco. Es más: podríamos asegurar que, cuanto más grande sea la mesa, más cosas aparecen por el medio.
Por eso, el almacenaje debe formar parte de la planificación de la zona de estudio desde el principio. Cajoneras, estanterías, módulos superiores, muebles auxiliares o composiciones que integren escritorio y almacenaje permiten aprovechar mucho mejor el espacio.
La clave está en que aquello que se utiliza habitualmente resulte accesible, mientras que el resto pueda guardarse para mantener despejada la superficie de trabajo.
En dormitorios pequeños también podemos aprovechar la altura de las paredes. Cuando los metros cuadrados son limitados, pensar en vertical puede proporcionarnos mucho espacio de almacenaje sin restar superficie útil a la habitación.

Separar espacios
En una habitación juvenil conviven muchas cosas. Es dormitorio, zona de estudio, lugar de almacenaje y, cada vez más, a medida que crecen, su espacio personal. Toda su vida, en pocos metros cuadrados.
Siempre que los metros lo permitan, es interesante intentar que la zona de estudio tenga cierta identidad propia dentro de la habitación. No hace falta levantar paredes ni crear una separación física: la propia distribución del mobiliario puede ayudar a diferenciar los usos.
Por ejemplo, podemos reservar una pared para el escritorio y el almacenaje y dejar la zona de la cama visualmente más despejada.
Esto permite que la habitación siga transmitiendo sensación de descanso cuando termina el momento de estudiar. Porque tan importante como disponer de un lugar en el que concentrarse es poder cerrar los libros y desconectar.

No diseñes únicamente para este curso
Este es uno de los aspectos más importantes cuando amueblamos una habitación juvenil. Los niños crecen. Y bastante más rápido de lo que nos gustaría. Cambian su altura, sus necesidades, la cantidad de material que utilizan, sus aficiones y también sus gustos.
Por eso, siempre que sea posible, merece la pena apostar por una base de mobiliario versátil y fácil de adaptar con el paso de los años.
Un buen escritorio, suficiente capacidad de almacenaje y muebles de líneas relativamente atemporales pueden acompañarlos durante diferentes etapas. Después, puedes transformar el ambiente con elementos mucho más fáciles de sustituir: textiles, láminas, lámparas, objetos decorativos o pequeños complementos.

Déjales participar en las decisiones
Hay otro aspecto que no deberías olvidar: la habitación es suya.
Especialmente cuando empiezan a entrar en la adolescencia, su dormitorio se convierte en uno de los primeros espacios que sienten verdaderamente propios. Por eso, aunque los adultos tengamos que tomar muchas de las decisiones prácticas —presupuesto, calidad, distribución, almacenaje—, es interesante que ellos también participen.
Elegir algún color, decidir cómo quieren organizar el escritorio o escoger determinados detalles hará que se identifiquen mucho más con el resultado. El objetivo no debería ser conseguir la habitación juvenil perfecta para ti, sino una habitación en la que realmente quieran estar.

En Muebles Minka, en Irun, podemos ayudarte a estudiar el espacio y encontrar una composición que se adapte tanto a las dimensiones de la habitación como a las necesidades de tus hijos.
Porque ellos crecen.
Y su habitación también debería hacerlo con ellos.

